Decrecimiento, ¿ruptura o transición?


Artículo enviado a prensa el 3 de noviembre de 2009:

Decrecimiento… ¿ruptura o transición?

 En los últimos tiempos venimos sufriendo algunas experiencias de caídas en la actividad económica que han venido acompañadas de sufrimiento para la mayoría de la población.

La desaparición de la URSS y la caída de los regímenes comunistas introdujeron una desorganización económica que hundió la producción económica en esos países. Algunos se enriquecieron y amasaron grandes fortunas, las actividades de lujo y ostentación se multiplicaron, aparecieron multimillonarios que acumularon recursos en muy poco tiempo, pero la mayoría de la población entró en dificultades para procurarse los bienes y servicios mínimos que necesitaban y algunos, los menos afortunados y protegidos, entraron en la miseria.

La larga crisis de Japón, de más de diez años, que se desató en los años noventa restringió las posibilidades de mucha gente en uno de los países más ricos del mundo. Cuando la crisis se manifestó en países pobres los resultados han sido dramáticos aumentando llamativamente el hambre, la inseguridad, la enfermedad y la muerte.

Estos últimos meses vivimos una experiencia mucho más cercana y, por tanto, más visible para nosotros. La crisis financiera que se manifestó hace dos años se ha trasladado a la actividad productiva y económica aumentando el paro y las dificultades. La pérdida de empleo ha quebrado proyectos de muchas personas, algunos han visto reducidas o anuladas sus posibilidades de vivir de forma digna, otros han perdido su vivienda por no poder pagar su hipoteca, muchos han tenido que renunciar a expectativas que había venido labrando hace tiempo, la mayoría ha tenido que rehacer sus cuentas y ajustar sus gastos.

Estos son algunos ejemplos de un decrecimiento económico rápido, inesperado y traumático.

Pero, al tiempo, se van multiplicando los síntomas de que nos hemos excedido en un camino de aumento del uso de recursos. Estamos visualizando que fuentes de energía como el petróleo, tan decisivo para nuestra forma de funcionar, irá escaseando progresivamente; se manifiesta de forma creciente la desertización de mayores superficies del planeta por efecto del uso agrícola intensivo reduciendo las posibilidades productivas de la obtención de alimentos; y el exceso de emisiones de residuos, especialmente de gases de efecto invernadero, está provocando el cambio climático que tantos efectos sombríos permite vislumbrar en un horizonte no muy largo.

Estas negras perspectivas tienen una estrecha relación con un hecho que parece habíamos olvidado: que nuestra actividad se apoya sobre unas bases físicas que son limitadas, que no es posible que sigamos expandiendo el uso de energía y materiales de forma indefinida, que tenemos que ajustarnos a esos límites si no queremos llegar al colapso.

Frente a tales perspectivas parece inevitable la necesidad de restringir el uso de energía y materiales: tenemos que decrecer en la apropiación de la naturaleza, tenemos que acomodar nuestras actuaciones a esos límites físicos en los que nos desenvolvemos. En suma, debemos, especialmente en los países más ricos, entrar en una senda de decrecimiento en el uso de bienes materiales.

Nuestras experiencias de decrecimientos reales parecen indicarnos que éstos vienen acompañados de dificultades y sufrimiento, pero al tiempo vemos que el crecimiento nos conduce a un callejón sin salida, que si no cambiamos muchos aspectos de nuestro comportamiento nos dirigimos hacia un colapso. ¿Cómo desatar ese nudo gordiano? ¿Estamos abocados a un futuro negro y amenazador? ¿Hay alguna posibilidad para el optimismo? Si examinamos de cerca la cuestión se ven salidas aunque no sean fáciles de llevar a la práctica, aunque exijan rectificaciones del camino que hemos emprendido.

Los grandes problemas que el decrecimiento ha causado se deben más a la forma en que se ha producido que al fondo de la cuestión. El problema no es que resulte negativo vivir con menos bienes materiales; el problema radica más bien en que si se nos obliga a hacerlo de forma inmediata no tenemos a nuestro alcance formas de adaptarnos, y que esta forma abrupta de decrecimiento afecta sólo a algunos, que se ven obligados a disponer de menos bienes materiales que los mínimos necesarios.

El problema no es que no haya trabajo para todos, sino que mientras unos se quedan sin él, otros continuamos trabajando y podemos mantener nuestro nivel de recursos. ¿No seríamos todos más felices si a través de una transición que nos permita adaptarnos llegáramos a trabajar todos menos horas, aunque algunos tuviéramos menos bienes materiales? ¿No nos compensaría tener menos bienes, teniendo más tiempo para nosotros, para cuidar las relaciones y afectos con los demás, para no ir tan deprisa y agobiados?

Habremos desatado el nudo gordiano si la transición hacia el decrecimiento se hace de forma ordenada, anteponiendo la igualdad entre las personas a la vorágine imposible de acumular objetos y viajes por todo el mundo, con la suficiente prudencia para ir resolviendo los desajustes que se vayan produciendo.

La alternativa no está así entre crecimiento económico o decrecimiento económico, sino entre disminuir consciente y organizadamente nuestro uso de la naturaleza o que la naturaleza nos imponga un cerrojazo rápido y brutal que a buen seguro hará aumentar los conflictos y la violencia entre nosotros y resquebrajarse las bases de nuestra civilización. Es posible y deseable alcanzar una sociedad con menos uso de energía y materiales, pero hay que hacerlo a través de una transición que vaya evitando problemas innecesarios.

Pero esa transición ordenada exige algunas rupturas, que tienen que ver con muchas de nuestras ideas y valores. Tendremos que aceptar que la naturaleza no es un regalo a nuestro servicio, sino que somos parte de ella; aceptar que vivimos en un mundo limitado; que la mejora de las relaciones entre las personas es una fuente de disfrute mayor que acumular bienes materiales…

Hay ya grupos, colectivos y municipios en el mundo que han comenzado a actuar y experimentar en esta dirección. En Dale Vuelta (Movimiento por el decrecimiento) dalevuelta.bira@gmail.com queremos explorar estas ideas  y de actuar en esa dirección.

Alejandro Arizkun – Juan Carlos Berasategui (Miembros del Colectivo Dale Vuelta – Bira beste aldera)

Una respuesta a Decrecimiento, ¿ruptura o transición?

  1. Angel dice:

    AMIGOS,

    LES ESCRIBO DESDE SANTIAGO DE CHILE. TENGO UNA PAGINA EN DONDE EXPONEMOS CASOS DE INNOVACIONES Y EMPRENDIMIENTOS SOCIALES, SOLUCIONES NO CONVENCIONALES, GENERACION DE ENERGIA NO CONVENCIONALES, DECRECIMIENTO, ENTRE OTRAS.

    ESPERO QUE PODAMOS MANTENER CONTACTO PARA INTERCAMBIAR IDEAS

    SALUDOS

    http://www-vectornomada.blogspot.com/

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